Argentina volvió a demostrar que nunca se la puede dar por vencida. La campeona del mundo derrotó 2-1 a Suiza en la prórroga y avanzó a las semifinales después de otro partido agónico, lleno de tensión y sufrimiento.
Suiza planteó un encuentro cerrado, ordenado y muy físico. Incluso después de quedarse con diez jugadores alrededor del minuto 70, logró resistir los ataques argentinos y llevó el partido hasta el tiempo suplementario. Argentina dominaba la posesión, pero encontraba pocos espacios y estaba lejos de mostrar su mejor versión.

Lionel Messi tuvo una actuación discreta. Participó en la jugada del primer gol, convertido por Alexis Mac Allister, pero no consiguió ser el protagonista habitual. Esta vez, el héroe fue Julián Álvarez.
Cuando el partido parecía destinado a los penaltis, el delantero recibió fuera del área y lanzó un disparo espectacular hacia el ángulo. El gol desató la celebración argentina y confirmó otra clasificación marcada por el carácter, la paciencia y la capacidad de resistir bajo presión.
Julián no solo decidió el encuentro. También volvió a demostrar por qué es uno de los jugadores más importantes del equipo. Presiona, corre, lucha cada balón y suele aparecer en los momentos en los que Argentina más lo necesita.

La victoria, sin embargo, no oculta los problemas. Argentina ha sufrido demasiado durante las rondas eliminatorias y todavía no consigue dominar los partidos con la autoridad esperada de una campeona mundial. Algunos futbolistas atraviesan un nivel irregular y el funcionamiento ofensivo depende en muchas ocasiones de acciones individuales.
Aun así, el equipo mantiene una virtud que pocos rivales poseen: nunca entra en pánico. Incluso cuando juega mal o el marcador se complica, continúa creyendo en su estilo y encuentra alguna forma de ganar.
Ahora Argentina enfrentará a Inglaterra en semifinales, en un duelo cargado de historia y con recuerdos inevitables de 1986. El conjunto inglés parece tener más variantes ofensivas y un juego más equilibrado, pero Argentina llega con algo difícil de medir: el aura de un campeón que se fortalece cuanto más tenso se vuelve el escenario.
Puede que todavía no haya mostrado su mejor fútbol. Puede que Messi no esté brillando como en otros torneos. Pero mientras Argentina siga compitiendo con este carácter, nadie podrá considerarla derrotada antes del último silbato.



